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Contradicciones y promesas del Tenis Chileno

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Christian Garin y Nicolás Jarry

 

Para nadie es un misterio que, luego de los sucesivos retiros de González y Massú, ambos ex top ten, el tenis chileno quedó sumido en una encrucijada que no veía hace veinte años: la realidad de no tener jugadores capaces de pelear a nivel ATP. Entonces, nombres como Sergio “Slice” Cortés y el fallecido Felipe Rivera dominaban sin mayor contrapeso la escena local, pese a que su figuración internacional fuera menor. Sin embargo, tras el fin de la segunda era gloriosa del tenis chileno, el panorama se ve bastante más auspicioso. Al menos tres tenistas con potencial para meterse entre los 100 primeros en algún momento de su carrera.

Cuadro de situación

Pero, ¿es Chile un país de tenistas? Claro que no. Pudo serlo, sí. Pero la baja en la cantidad de clubes y jugadores federados, que se ha acentuado de manera dramática durante el mandato de José Hinzpeter así lo demuestran. El apoyo, tanto privado como estatal, es casi inexistente, lo que se traduce en baja cantidad de torneos (Cali, la tercera ciudad más importante de Colombia, un país sin tradición tenística, tiene más torneos Challengers que todo Chile junto), nulo apoyo para los tenistas y falta de instalaciones decentes… ¿En serio se gastaron 200 millones en reparar el Court Central? Parece muy poco probable. Una más a la lista de preguntas que Gabriel Ruiz-Tagle nunca responderá.

Otro tema es la idiosincracia. Decir que el fútbol acapara todo suena ya a lugar común entre los fanáticos de “los otros deportes” pero el tema es más profundo. ¿Cómo no se aprovecharon esos años de gloria? ¿Realmente al público no le gusta el tenis? El mote de deporte elitista es una gran carga en este sentido. Además, de una u otra forma el tenis es lejano, las actividades son pocas, la publicidad inexistente y para qué hablar de la difusión.

Bueno, tuvieron que pasar más de ocho años para que naciera otro tenista chileno que lograra, al menos, arañar el top 200 del ranking mundial. Esa la diferencia de edad entre Jorge Aguilar y Gonzalo Lama. ¿Qué pasó con esas “generaciones perdidas”? Sólo Cristóbal Saavedra y Guillermo Rivera lograron asomarse al top 300, aunque no fueron mucho más allá. Contradictorio, ya que es este el grupo etáreo que vivió toda su infancia con la generación dorada. Un nacido en 1990 supo del número uno de Ríos a los ocho años, mientras que vivió la gesta de Atenas con 13 o 14. Sobre esto, recuerdo que un reportaje de TVN mostraba que Garin y Malla apenas recordaban los oros de Massú. Curioso, al menos.

Generación espontánea es el nombre. En palabras de Gabriel Silberstein, “tuvimos la suerte de que Dios tiró tres semillas y crecieron Ríos, González y Massú. Acá creyeron que tenían jugadores para toda la vida y hoy se pagan las consecuencias”. Ninguna de las figuras fue fruto de un proceso. Todas, sin excepción, corresponden a esfuerzos personales. Es este alto costo (producto de la falta de apoyo en la formación) el que termina restringiendo las posibilidades a parte importante de la sociedad, dejando todo para el sector medio-alto, de donde han venido la mayoría de los tenistas chilenos. Luis Ayala, Patricio Cornejo, Pedro Rebolledo y Jorge Aguilar son algunas de las pocas excepciones.

La nueva esperanza

Parece que sí. Parece que, después de años sin jugadores de proyección mundial, Chile está volviendo a producir tenistas con el potencial necesario para, al menos, dar lucha a nivel ATP. Los jugadores nacidos entre los años 1993 y 1996, que hoy tienen entre 21 y 18 años, parecen estar en la antesala de un futuro glorioso. ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades? ¿Son realmente capaces de llenar el vacío dejado por el retiro de los tres grandes?

El principal fuerte de Lama es su derecha.

Gonzalo Andrés Lama Feliu. 21 años. 196° ATP. 

Hace más de dos años nadie hubiera pensado que este descendiente de palestinos se iba a convertir en el líder de la nueva camada del tenis chileno. Superado en su época de juvenil por apellidos como Ugarte y Conejeros, su explosión en 2013 sorprendió hasta a los más optimistas. Venció a varios top 200, destacando dos victorias ante el gran Boris Pashanski, conocido por sus actitudes y formas a la hora de salir a la cancha, poco común en los tenistas balcánicos. 2014 ha sido una gran continuación de esos meses explosivos: el título del Challenger de Cali fue tan inesperado como meritorio y destacable, ya que se trata del primer chileno nacido después de 1983 en obtener un título de singles en esta categoría. Luego, tuvo una buena gira europea, derrotando a jugadores de la talla de Potito Starace y Pere Riba, alcanzando las semifinales en Caltanisetta, uno de los Challengers más importantes del circuito. Actualmente se encuentra preparando la parte final de la temporada.

En cuanto a su estilo de juego, es el más identificable con algún nombre conocido: su derecha es sospechosamente parecida a la de Fernando González. Pese a que su revés es su punto débil (tal como Massú, le es común invertirse) y su saque es irregular, ha mejorado mucho en estos aspectos. Al igual que su ídolo, también es dado a tirar la raqueta y a sorprender con winners en los momentos más oportunos. Aún tiene mucho por mejorar, pero si sigue en la senda de lo que mostró en Cali, por ejemplo, no sería raro verlo, al menos, en el top 100.

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Título de subcampeón en Quito para Jarry. El primer logro a este nivel.

Nicolás Jarry Fillol. 18 años. 227° ATP.

Ha sido la gran revelación del 2014. Quien fuera destacado en un comienzo por ser el nieto de Jaime Fillol (ex top 20 ATP e ícono setentero) ha demostrado que lo suyo va en serio. Luego de vivir algunos años en Estados Unidos y representar al país norteamericano en juniors, Jarry volvió a Chile y de qué manera: a la fecha, ya tiene a su haber un título de Challenger en dobles, dos títulos en Futuros y triunfos sobre Horacio Zeballos, Guido Pella y Joao Souza, por nombrar algunos. Su mejor semana vino hace poco menos de un mes, en Quito, avanzando sorpresivamente hasta la final, mostrando un juego con muy pocas fisuras y letal para los jugadores sudamericanos, acostumbrados al juego de fondo y hasta defensivo de sus contrincantes. Para los que lo vimos en sus primeros partidos como profesional, es claro que el avance ha sido notorio. Y aún tiene mucho por recorrer… cumple 19 años el 11 de octubre.

A principios de año, escuché a un periodista especializado (uno de los pocos), decir que Jarry iba a ser top 400 en la temporada. Sonaba optimista y hasta exagerado, ya que al iniciar febrero Jarry se ubicaba apenas en el puesto 828. En ocho meses, avanzó más de 600 puestos, una verdadera hazaña en el tenis tan veterano y competitivo de la actualidad. Hace once meses, ni siquiera estaba entre los mejores 1000 del mundo. Su saque es su principal arma, ayudado por sus imponentes 1,98 metros de altura, pero además posee una potente derecha y un revés con intención ofensiva, aunque aun irregular. Como la mayoría de los jugadores altos, tiene limitaciones, pero cada vez las ha ido poniendo más a su favor. Además, es notoria su tendencia a acortar los puntos, aunque la volea necesita ser pulida aún un poco más.

Parece no tener techo. Como decía un comentario que leí hace unos días, “si tomas a un jugador de cabeza fría, que sabe jugar en arcilla y lo haces medir dos metros… ahí tienes a un campeón”.

Garin ha entrenado con Nadal y es asesorado por su tío Toni.

Christian Ignacio Garin Medone. 18 años. 298° ATP. 

Es cierto, no han sido meses buenos para el campeón junior de Roland Garros 2013. El cambio de entrenadores y la larga gira europea no han contribuido en su inserción en el circuito Challenger, pese a obtener de manera brillante el paso al cuadro principal del ATP de Buenos Aires a principios de año, donde estuvo muy cerca de vencer al italiano Volandri en primera ronda. En su notable 2013, venció a varios top 200, ganó a nivel ATP (Viña) y cumplió en Challengers. Ahora entró por primera vez al grupo de los mejores 300, algo poco usual para los jugadores de su edad. Hay que imaginarse como será cuando muestre todo lo que tiene.

Pese a este momento bajo, su proyección y su nivel sigue ahí. Es parejo, buen saque, buena derecha, buen revés, buen físico y buena mentalidad, tiene todo para jugar con regularidad en torneos ATP en algún momento de su carrera. Cuando retome confianza, vendrán éxitos importantes, eso es seguro. 2015 será un año clave para él. Yo, al menos, le tengo mucha fe.

Malla, Sborowitz, Núñez, Tabilo, Santibáñez, Barrios…

Otros que parecen algo más retrasados en esta camada son los apellidos mencionados. Bastián Malla (18) no ha tenido un 2014 a la altura de sus expectativas, pero su derecha y condición de zurdo dicen que aún tiene mucho por dar. De naturaleza irregular, puede explotar en cualquier momento. Matías Sborowitz (21), de juego potente, criticado en algún momento por su relación con De la Peña y el famoso wild card que recibió en el Challenger de Santiago 2013, salió definitivamente de ese pozo y ya es una constante los triunfos en Futuros, incluído un título hace poco en México. La meta es saltar a Challengers. Guillermo Núñez (19), de baja estatura, ganó un Futuro sorpresivamente el año pasado. Ahora estudia en EE.UU., pero no descarta volver al circuito. Sebastián Santibáñez (18) y Marcelo Barrios (16) aparecen más atrás, aunque se han quedado algo, aún están a tiempo.

El caso de Alejandro Tabilo (18) es distinto. De ascendencia chilena, nació en Canadá y ha hecho su carrera juvenil al alero de Tennis Canada, consiguiendo dos puntos ATP y meterse en el top 100 ITF. Pese a haber manifestado intenciones de representar a nuestro país, no ha tenido contactos formales ni ha jugado torneos en Chile, y el bullado impasse con Álex Rossi lo aleja de la Federación. Habrá que ver como progresa.

Reflexiones al cierre

El tenis ha cambiado. Basta con ver los cuartos de final del Masters 1000 de Shanghai (link) para darse cuenta que los veteranos han dominado el juego. Actuaciones como la de Boris Becker, Michael Chang o el mismo Ríos en su tiempo son impensables. Los más jóvenes de la elite son Milos Raonic y Grigor Dimitrov, de 23 años… y ninguno de ellos es una amenaza real a Djokovic, Nadal e incluso Federer, que con casi 34 años sigue dominando a gran parte del circuito.

Con esto, la cautela juega un rol importantísimo. No hay que presionar, hay que dejar trabajar tranquilos a estos jóvenes. Porque nos darán alegrías, eso es seguro.