Cameroon's Lauren Etame Mayer (L), Geremi Njitap Fotso (C) and Daniel Ngom Kome celebrate their vict..

#100años (Parte I) – “Tan cerca, tan lejos”

Si miran fijamente, pueden distinguir a Claudio Maldonado
Si miran fijamente, pueden distinguir a Claudio Maldonado

Desde que empezó a disputar competencias oficiales de fútbol, en la década de 1910, Chile nunca logró obtener un título. Mientras nuestros vecinos se llenaban de gloria una y otra vez en juveniles, Copas América y hasta Mundiales, la imagen del equipo chileno derrotado, intentando explicar lo evidente quedaba guardada en nuestra memoria. Salvo excepciones, el resto del deporte chileno no está ajeno a esta realidad: en los Juegos Olímpicos, Chile es uno de los dos países que suma más medallas de plata que de oro y de bronce combinadas (se excluye a los que poseen menos de 5 preseas en total).

Los años fueron pasando y Chile, que rara vez fallaba en asistir a una competencia internacional, seguía sin obtener gloria. Ahora, a casi cien años de ese debut “por los puntos” en el lejano 1916, nuestras vitrinas siguen llenas de bandejas de plata, trofeos conmemorativos y logros de torneos amistosos, vacíos como globos de cumpleaños. La cantidad de campeonatos oficiales ganados por Chile sigue siendo cero. Pudo ser en 1955, en 1975 parecía imposible no ganarlo (imperdible revisar la historia más abajo), en 1987 estuvimos a punto, en 2011 parecía que se había dado todo, etcétera, etcétera. A nivel de clubes, sólo Colo Colo en 1991 logró romper una racha de cuatro finales perdidas. Con ese memorable equipo albo como base, y encima de local, parecía que había llegado el momento de celebrar ese mismo año en Copa América. El resultado final es conocido.

Una introducción de mierda, lo sé (?). En términos generales, la idea es, a través de esta serie de artículos, repasar las casi innumerables ocasiones en que nuestro deporte llegó a las puertas de la gloria y se quedó esperando. Hay algunas para llorar, otras para enrabiarse, otras que apenas si generarán una mueca de indiferencia. Desde las oportunidades perdidas en los albores del boxeo hasta el agónico gol de Assifuah en Turquía, presentamos esta compilación cortavenas con los momentos más cienañísticos de nuestra historia. Disfrute (?).

1) “TANI” LOAYZA, EL PIONERO – 1925

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Matarife en el Matadero de Iquique, Estanislao Loayza Aguilar fue el primer chileno en pelear por un título mundial de boxeo. Triunfador en Estados Unidos sin siquiera haber debutado profesionalmente en Chile, el “Tani” estaba a las puertas del mayor logro de la historia del deporte nacional hasta el momento. Corría 1925 y la noticia de un chileno a punto de convertirse en el mejor del mundo ya causaba expectación. La pelea en cuestión se programó para el 13 de julio, ante el norteamericano Jimmy Goodrich. No existe registro audiovisual completo del combate disponible en Internet; el que se presenta como tal corresponde a la pelea contra Phil MacGraw, en 1926. Sólo las crónicas permiten reconstruir la escena: promediando el primer round, el árbitro Gumboat Smith separa a los boxeadores luego de un “clinch”, pisando al chileno, que hasta ese momento lucía muy bien aspectado en la pelea. El “Tani” no pudo aguantar y sus asistentes lo retiraron a los 35 segundos del segundo round. Con los años fueron surgiendo nuevas versiones del hecho, que incluían una supuesta caída del nortino antes de entrar al cuadrilátero. La versión oficial, citada en el libro Historia del Deporte Chileno, es la que siempre repitió el propio Loayza: “Llevé a las cuerdas a mi adversario para golpearlo en ‘clinch’, que era donde mejor usaba mi golpe de izquierda. Fue entonces cuando el árbitro, un grandote de más de 100 kilos, me pisó y nos empujó hacia atrás. Mi pie hizo palanca y me fracturé el peroné. Sentí el golpe, pero seguí peleando y volví luego a mi rincón saltando en un pie”.

El resultado final fue la derrota, que sería una más a lo largo de la historia del boxeo chileno en las peleas decisivas. Sin quererlo, Loayza se había convertido en un pionero. Ignoraba entonces que su desafortunado incidente iniciaría un siglo lleno de decepciones para el deporte chileno.

2) COPA AMÉRICA: EL PRIMER SUBCAMPEONATO – 1955

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Luego de ser uno de los cuatro países que dieron el puntapié inicial al torneo en 1916, Chile había organizado cuatro veces en casa la Copa América, entonces llamada Campeonato Sudamericano. Nunca había superado el tercer lugar, pero en 1955 las cosas parecían distintas. Una base de jugadores exitosos y de buen pie, entre los que destacaban el legendario Enrique “Cua-Cuá” Hormazábal, Jaime Ramírez Banda y los hermanos Robledo. Otra ventaja: Brasil no asistiría a la cita, que se disputaría íntegramente en el Estadio Nacional.

El debut, escenificado el 27 de febrero, no podía ser más auspicioso: 7-1 a Ecuador. Una semana después, 5-4 a Perú. Luego, empate con Uruguay, valioso en el contexto histórico pero que limitante para las opciones chilenas (en YouTube se puede encontrar un resumen del duelo). La respuesta no se hizo esperar: sólido 5-0 a Paraguay, que abría la opción de disputar el título ante Argentina en la última fecha. Los trasandinos, que habían igualado ante Perú y pisado al resto de los combinados (incluido un 6-1 a Uruguay), llegaban como favoritos para la prensa especializada. Comenzado el partido, el escenario que dibujan las crónicas de la época parece inevitablemente familiar. Expectación, público confiado, dominio de Chile pero que no logra traducir en ocasiones, la Albiceleste toma paulatinamente la manija del partido, minuto 59, remate de Labruna, Escuti da rebote (como en 1987) y Rodolfo Micheli la manda a guardar. Gol y campeonato para Argentina.

No sería la única decepción. En las tribunas, seis hinchas murieron literalmente reventados contra las rejas del recinto ñuñoíno. Otros 13 quedaron con heridas de gravedad. Una avalancha de personas desesperadas por ver a Chile ganar su primer título oficial producía una tragedia de gran magnitud… el fútbol no supo aliviar la situación. Una ilusión que en 90 minutos no sólo quebró las opciones de ganar una copa, sino también la vida de un puñado de alborozados espectadores.

3) LUIS AYALA, A LAS PUERTAS DE ROLAND GARROS – 1960

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Antes de Massú y González, antes del “Chino” Ríos y Gildemeister, antes incluso de Fillol y Cornejo, el santiaguino Luis Ayala fue la primera figura de nivel internacional del tenis chileno. Dueño de un talento innato, que lo llevaría a ganar gran cantidad de torneos en Europa y América (que no son contabilizados de forma oficial, ya que el registro recién se iniciaría una década más tarde) en la época previa al profesionalismo, cuando los tenistas no competían por dinero ni existían calendarios o rankings oficiales. Tal vez su mayor logro llegó en 1959, cuando ganó el título en el Foro Itálico de Roma, torneo preparatorio para Roland Garros donde acudían los mejores del mundo (más de 50 años después, las cosas no han cambiado. El torneo pertenece a la categoría Masters 1000 y siete de las últimas 10 ediciones fueron ganadas por el español Nadal). Pero si hubo algo que marcó su carrera, fueron los dos subcampeonatos en Roland Garros, el prestigioso Grand Slam que se disputa hasta hoy en la arcilla de Paris.

Ya en 1958 llegó al partido decisivo luego de derrotar en cinco sets al australiano Ashley Cooper, número uno del mundo (según los rankings de la prensa especializada), pero el cansancio le impidió oponer mayor resistencia al también oceánico Mervyn Rose, que lo batió en tres sets. Dos años después, Ayala se preparó como nunca para el torneo parisino. Luego de barrer al español Santana y al italiano Sirola, llegó a enfrentarse ante el italiano Nicola Pietrangeli, sexta siembra. Luego de cuatro intensos sets (que están resumidos en YouTube), el marcador en el quinto y definitivo parcial indicaba 3-3. Inexplicablemente, Ayala se derrumbó y el europeo ganó los tres games restantes, alzándose con el título. El relato de Ayala, entrevistado por el periodista Mario Cavalla para la muy recomendable obra Historia del Tenis en Chile, es un reflejo indeleble del cienañismo: “Físicamente me sentía en condiciones extraordinarias en la final. Notaba que Pietrangeli estaba cansado, mientras que yo me encontraba entero y perfectamente habría corrido sin cansarme un par de sets más (…) él resolvió mejor el momento”.

Al año siguiente, Ayala entró al grupo de los profesionales, con lo que quedaba inhabilitado para jugar torneos de Grand Slam. Su reflexión, décadas después, fue la siguiente: “Yo debí aguantarme un poco y aprovechar que los mejores ya no iban a jugar los grandes torneos, pues perfectamente habría ganado Roland Garros o Wimbledon. Bueno, me pagaban bien en profesionales, pero ese mismo éxodo hizo que los torneos amateur empezaran a ofrecer viáticos muy altos. Hablo de 1.000 y 1.500 dólares, una plata que, proporcionalmente, habría sido casi lo mismo o más de mi contrato en profesionales”.

La historia condenaría su decisión: nunca un chileno llegó a estar tan cerca de ganar un Grand Slam.

4) EL MÍTICO COLO COLO DE ÁLAMOS – 1973

En medio de un país dividido, la gesta de Colo Colo 1973 representó un punto de encuentro para el pueblo, que llenaba los estadios en cada presentación del equipo albo, que batía récords y se encaminaba al título. El guía era conocido: Luis Álamos, otrora artífice del “Ballet Azul” y ganador de múltiples campeonatos en la década de 1960. Luego de ser campeones en 1972, el equipo colocolino quedó ubicado en el grupo C, junto a Unión Española y los ecuatorianos Emelec y El Nacional. Ya entonces el equipo desataba euforia en calles y tribunas: en sus tres partidos de local sumó quince goles a favor. El momento más recordado llegó en el partido frente a los de Guayaquil, cuando, luego de un gol de gran factura, la galería tributó a Carlos Caszely con el ya mítico “¡Se pasó…! ¡se pasó…!”.

La segunda ronda traería más satisfacciones. Emparejado con Cerro Porteño y Botafogo, Colo Colo sumó 5 puntos y pasó a la final. Destaca el triunfo ante los brasileños, el primero de un equipo chileno en el Maracaná. La estrepitosa derrota 1-5 en Asunción hizo temblar las ilusiones, pero, en Santiago, Colo Colo dio una muestra de temple y fortaleza grupal para devolverles la goleada a los paraguayos: 4-0 fue el marcador. El agónico empate 3-3 ante Botafogo en el Nacional timbró los pasajes a la llave decisiva ante Independiente de Avellaneda.

Fue entonces cuando se gestó este momento cúlmine del cienañismo. En el partido de ida, en la Doble Visera de Avellaneda, Independiente logró el empate 1-1 con un gol viciado de nulidad: Mario Mendoza empujó a Nef y anotó el gol con arquero y todo. Tres minutos antes, el árbitro uruguayo Lorenzo había expulsado a Sergio Ahumada por tirar lejos la pelota. Como sea, el resultado era de todas formas positivo y abría la ilusión de cerrar la gesta una semana más tarde en Ñuñoa. Pero no: pese a dominar el partido, Colo Colo no pudo romper el cero en el partido de vuelta. El registro audiovisual demostraría posteriormente que Caszely estaba claramente habilitado por varios rivales cuando convirtió el único tanto del partido, anulado por un supuesto offside. Así, rojos y albos llegaron a un partido de definición en Montevideo (¡ja!), donde el “Ladrón de Copas” ganó en el alargue con gol de Miguel Ángel Giachello, con un arbitraje muy cargado del paraguayo Romei. Al final, subcampeonato para Colo Colo. “La copa… se mira y no se toca”.

El epílogo daría para mucho. Hace tres años, el periodista Luis Urrutia O’Nell (Chomsky) publicó el libro Colo Colo 1973. El equipo que retrasó el Golpe, que argumentaba que el mítico cuadro albo habría retrasado, al menos en tres meses, el Golpe de Estado, por la efervescencia popular que generaban los colocolinos, muy identificados con el gobierno de Allende. La tesis es interesante y se desarrolla en el libro. Además, Chomsky rescata una cuña de Francisco “Chamaco” Valdés, figura estelar del equipo: “Antes de jugar en Avellaneda, dos ex jugadores de Independiente nos anticiparon que los árbitros aparecerían en nuestro hotel para ser sobornados. Íbamos a hacer una vaca en el plantel, pero el presidente Gálvez se opuso. La terna de jueces llegó, esperó y al ver que no pasaba nada, se fue”. Sergio Messen complementa: “Responsablemente puedo decir que la terna de jueces estaba sobornada en las finales con Independiente. Pablo Arispe, pedicuro, era íntimo amigo del árbitro uruguayo Ramón Barreto, y por él supo que cada uno cobró 33 mil dólares. Tampoco tengo ninguna duda que ese Independiente se inyectaba”.

5) LA SUB-20 Y UN SUBCAMPEONATO INCREÍBLE – 1975

Con la perspectiva del tiempo, se puede decir que nunca una selección chilena estuvo tan cerca de obtener un título oficial como lo estuvo la Selección Sub-20 dirigida por Orlando Aravena en el Campeonato Sudamericano Juvenil de 1975, disputado en Lima.

El equipo chileno contaba con jugadores que luego llegarían a integrar la selección mayor, como Juvenal Vargas, Óscar Wirth y Gustavo Moscoso. El equipo, bautizado por la prensa nacional como los “Palomillas”, tuvo un inicio sorprendente en el campeonato, derrotando por 1-0 a Brasil, que cumpliría una deslucida actuación en el torneo, sumando apenas una victoria en cinco partidos. La senda triunfal continuaría con un casi irrepetible 3-0 a Argentina, que atrajo la atención del periodismo en Chile como pocas veces antes. La proeza estaba cerca y los seguidores lo hacían sentir desde Chile. El sólido triunfo por 2-0 ante Perú no hizo más que confirmar esta sensación.

Chile tuvo la opción de ser campeón en su penúltimo partido, enfrentando a la selección de Uruguay. Un triunfo le daba el título al elenco chileno, así de simple. Pero no hubo goles. 0-0 y a seguir batallando. Así y todo, la sensación no era del todo negativa, ya que en la última fecha el rival era Bolivia, que, ayer como hoy, era presa fácil en todas partes fuera de la altura de La Paz. Nuevamente, bastaba ganar para romper con la larga sequía del fútbol chileno. Los altiplánicos resistieron todo el partido y configuraron un absurdo marcador de 0-0: la selección que había arrasado con Brasil y Argentina no pudo ganarle al humilde cuadro boliviano, que terminaría último en el torneo. Increíble.

Hubo que jugar entonces un partido de definición ante los uruguayos, que vencieron 2-0 a un entregado Brasil. Los charrúas abrieron la cuenta a los 19 minutos, pero Chile empató en el complemento. Hubo que jugar alargue, pero el empate persistió, por lo que el Campeonato Sudamericano Juvenil (que ya se conocía con el relamido sobrenombre de “Juventudes de América” se definiría en la definición por penales. Palma y Wirth erraron sus lanzamientos y Hébert Revetria, que muchos años después sería campeón en Chile vistiendo la camiseta de Colo Colo, alcanzó la gloria para el cuadro oriental. La sensación era de incredulidad: Chile había jugado un torneo sorprendente, pero había sellado su derrota final de manera inexplicable. Hasta hoy, nunca una selección chilena le volvió a ganar a Argentina y Brasil en un mismo torneo, encima sin recibir goles.

El torneo no era clasificatorio a nada, ya que los Mundiales Juveniles sólo se empezaron a disputar en 1977 (coincidencia). No hubo opción de revancha. Alguien reclamó por las edades de los rivales uruguayos, pero tal tesis se perdió en el tiempo. Cuatro años después los juveniles volverían a hacer noticia, cuando, en una treta armada por “Pierdo” García (DT de la época) y la cúpula de la ACF, se decidió adulterar pasaportes y llevar a jugadores que superaban en más de tres años el límite reglamentario. Era que no, fueron descubiertos. Pero esa es otra historia.

6) VILLABLANCA Y LA GLORIA EFÍMERA – 1982

No lo podían creer. ¡Un chileno campeón mundial de boxeo! El melipillano Benedicto Villablanca había conseguido lo que ni Godoy, Loayza o Martín Vargas habían alcanzado, coronándose como el mejor del planeta en juniors peso ligero de la AMB (una de las tres asociaciones reconocidas entonces) luego de vencer al puertorriqueño Samuel Serrano por nocaut técnico (KOT).

¿Qué había pasado? En una pelea pareja, aunque con ligero dominio del centroamericano, se había producido un incidente: en el sexto round, Serrano comenzó a sangrar en su arco superciliar (debajo de la ceja), producto de un profundo corte. Al inicio del undécimo round, se determinó que el campeón no podía seguir compitiendo. El público, que no era masivo, invadió de inmediato el cuadrilátero para celebrar el primer título en boxeo profesional de un deportista chileno. En medio del caos, el réferi venezolano Jesús Celis, no tuvo más alternativa que declarar campeón a Villablanca. La ceremonia se completaría con la entrega del cinturón. El testimonio gráfico es contundente: por primera vez un chileno lucía el cinturón de campeón mundial.

Sin embargo, dos semanas después la pelea fue declarada nula. El logro de Villablanca fue desconocido por la cúpula de la Asociación Mundial de Boxeo: los alegatos de Serrano habían surtido efecto. Se procedió a revisar las tarjetas de los jueces hasta el décimo round, pero estas habían desaparecido. Serrano alegó que un cabezazo del melipillano había producido su corte, cosa que Villablanca negaba. El video de la pelea fue considerado insuficiente como elemento de juicio, por lo que era la palabra del retador contra la del campeón. Así, Chile perdió el logro histórico, pero Serrano no conservó el título, ya que se consideró que no había logrado defender el cinturón. Esta situación sería luego revertida, aunque el puertorriqueño no logró volver a defender exitosamente el título.

Algunos meses después, Villablanca tendría su revancha al enfrentar en Estados Unidos al local Roger Mayweather (tío del actual campeón mundial, Floyd), pero el resultado fue contundente: nocaut en el primer asalto.

7) NO TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A MÉXICO – 1986

Había esperanza: en las eliminatorias para el Mundial de México 1986, la selección chilena poseía una interesante mixtura entre la generación que había clasificado a España cuatro años antes, y la que lograría el subcampeonato en la Copa América un par de años más tarde. Jorge Aravena, Hugo Rubio, Lizardo Garrido y un experimentado Carlos Caszely eran algunos de los nombres que resaltaban en el plantel premundialista.

El camino mundialista comenzó de idéntica forma que el anterior: igualdad 1-1 ante Ecuador en la altura de Quito, resultado que entonces no parecía tan negativo pero que terminaría por sepultar las aspiraciones chilenas. La ilusión, de todas formas, se vio alimentada por el siguiente resultado, que vio a Chile aplastar a los mismos ecuatorianos por 6-2 en Santiago, con una actuación brillante del “Mortero” Aravena.

Luego llegó el triunfo de local por 2-0 ante Uruguay, con un golazo de Aravena que se recuerda hasta hoy. México estaba cerca: bastaba que los charrúas tropezaran en Quito para asegurar virtualmente la clasificación. Pero los orientales no colaboraron y lograron un sufrido triunfo por la cuenta mínima, estirando la definición al partido final de la serie, en el Estadio Centenario de Montevideo. Era simple: un triunfo local clasificaba a Uruguay, cualquier otro resultado le daba a Chile pasajes a México.

El partido fue tenso y se definió por detalles. Uruguay comenzó con ventaja con gol de Batista, pero Chile igualó con gol de Aravena, mediante lanzamiento penal, idéntica vía por la que Venancio Ramos pondría el 2-1 para los anfitriones. El resultado, que clasificaba con lo justo al local, se mantuvo hasta el minuto 82, cuando llegó una jugada que podía cambiar el rumbo del partido. Con Chile volcado en ataque, el árbitro pitó un tiro libre para la “Roja”: frontal, a pocos metros del arco. Entonces sucedió el momento de la leyenda para Uruguay, y de #100años para Chile.

Lo relató Venancio Ramos a un medio uruguayo, hace pocos años: “El estadio Centenario enmudeció, porque el ejecutante sería Aravena, implacable desde esa distancia. Era como un penal para los chilenos. Nos había hecho un gol en Chile que solamente él lo podía hacer. Era de los mejores de América lanzando tiros libres (…) Faltarían unos 8 minutos cuando se da el tiro libre, y de ese lado había una cantidad de limones que habían tirado la gente porque Chile había defendido ese arco en el primer tiempo. Entonces voy donde el Flaco Rodolfo (Rodríguez) y le digo: ‘Flaco, nos jugamos la clasificación está en vos, vamos arriba’ y el Flaco me dice: ‘Si va al arco es gol’. ¡Me mató con eso! ja, ja, había una gran confianza entre él y yo”. Continúa “Chicharra” Ramos: “Entonces ahí me nace la idea del limonazo, pero también tenía que estudiar porque Aravena era zurdo. Tenía que pensar y analizar cómo ponerme por la pierna de apoyo de él. Si me pongo del lado de su pierna de apoyo tengo 30% de chance de pegarle el limonazo, pero del otro lado tenía toda la pelota, porque cuando él apoya la derecha y levanta la izquierda para pegarle, ahí tengo toda la pelota, además yo estaba a varios metros y tenía que tener la precisión de embocarle, y de tirarla justo antes de que él pateara. ¡Y que el juez no me viera! Son tantas cosas que si te ponés a pensar de 100 le emboco una. Pero se dio, Dios me iluminó”.

Nada que decir. Chile tendría el repechaje como premio de consuelo, pero las ilusiones restantes tendrían un brusco acabóse con la estrepitosa derrota 0-3 en Asunción. Uruguay y Paraguay irían a México, Chile se quedó, otra vez, a las puertas…

8) UN CAMIÓN ATROPELLA AL CAMPEÓN – 1994

Cristián Bustos no era un cualquiera en la escena deportiva nacional. El santiaguino, nacido en 1965, había puesto al triatlón, deporte poco conocido por entonces, en las primeras planas de los medios deportivos. Sus resultados eran de nivel mundial: entre otras carreras, había ganado el Ironman de Rio de Janeiro (el más importante de Sudamérica) y el Ironman de Alemania, este último con récord para el circuito. Además, en su última presentación en tal instancia, Bustos había logrado un meritorio segundo lugar en el Ironman de Hawaii, una brutal prueba que incluye 4km de nado, 180km de ciclismo y 42km de trote, y que es considerada la cúspide del triatlón, en su categoría Ironman. Incluso, el chileno estuvo a punto de ganar, pero el invencible estadounidense Mark Allen le arrebató la victoria en los últimos kilómetros.

Era su mejor momento deportivo: sólo Iván Zamorano y Marcelo Ríos le habían arrebatado el “Cóndor de Oro” al mejor deportista del país, premio que, por cierto, ya había obtenido en la temporada 1989. Y sus logros no eran solo deportivos: contribuyó enormemente al desarrollo de una disciplina que hoy es olímpica, y cuenta con destacados cultores de nivel internacional, entre los que destaca Bárbara Riveros, ganadora de fechas mundiales, bicampeona sudamericana y ex campeona mundial sprint.

Luego de dos temporadas que lo habían colocado en la elite mundial, Bustos comenzó su año 1994 en el Triatlón Internacional de Entre Ríos, Argentina, que se disputaría en la localidad de La Paz. Cumpliendo los pronósticos, Bustos se ubicó sin problemas en la punta luego del ciclismo, aumentando más y más su ventaja en el trote. Hasta que ocurrió el momento clave de esta historia: un camión de la organización atropella al chileno, pasando por encima de su brazo derecho. Bustos, arrollado, queda tendido en el piso. Las imágenes hasta hoy impactan: era evidente que una negligencia de la organización argentina había cortado el trote, y probablemente la carrera de uno de los mejores deportistas chilenos del momento.

El diagnóstico fue grave: ruptura de la arteria humeral, cortes en el muslo, daño muscular en la mano derecha, quemaduras de diversa gravedad, pérdida de litro y medio de sangre y lo más preocupante de todo: riesgo de perder el brazo derecho, el mismo que había sido aplastado por el infame camión. Por suerte, quedó sólo en el susto.

Pese a todo, el optimismo y vitalidad de Bustos le permitieron volver a correr en poco menos de dos años. Incluso, volvió a correr el Ironman de Hawaii, donde había rozado la gloria algunos años atrás. Pero ya no era el mismo. Su mejor resultado en la isla fue 6°, y pese a alzarse en competencias de menor categoría, nunca volvió a disputar la condición de privilegio en el ranking mundial, mientras que otro chileno, Matías Brain, le arrebataba también la hegemonía a nivel local.

9) MORIR DE PENALES – 1999

Tras haber decepcionado en ediciones anteriores, había expectativa por lo que pudiera hacer la selección nacional en la Copa América de 1999, a disputarse en territorio de Paraguay. La “Roja” mantenía la base que había disputado el Mundial el año anterior: las figuras eran Nelson Tapia, Javier Margas, Iván Zamorano y Marcelo Salas, a los que se sumaban algunos jóvenes, como David Pizarro. Chile fue emparejado en el grupo B, con México, Brasil (era que no) y Venezuela.

Una sola victoria, ante el elenco venezolano por 3-0, permitió a los dirigidos de NBA avanzar a cuartos de final como mejores terceros. El rival, entonces, era Colombia, que venía de vencer a Uruguay y Argentina. Sorprendentemente, los chilenos remontaron un marcador adverso y se impusieron por 3-2 en Luque, con dos goles del defensa Pedro Reyes. La ilusión volvía a nacer: Chile estaba en semifinales del torneo subcontinental.

El partido ante Uruguay, por el paso a la final, fue trabado y disputado. Los charrúas se pusieron rápido en ventaja, pero Chile igualó en el complemento con un certero remate de cabeza del goleador Iván Zamorano. Pasó el tiempo reglamentario y la llave se debió definir en lanzamientos penales. Hace más de una década que Chile no se acercaba tanto al partido decisivo por la conquista de una Copa. Entonces comenzó: Del Campo puso para Uruguay, igualó Vargas para Chile, Guigou puso el 2-1… y era el turno de Mauricio Aros. El puntarenense se paró frente a la pelota, dispuesto a fusilar al inexperto arquero Fabián Carini. Sin embargo, lo inesperado se hizo realidad y el joven arquero oriental, de 19 años, voló hacia su izquierda y desvió el remate del chileno.

“Lo último que recuerdo era que iba con la pelota rumbo al punto penal. Después se me olvidó todo” relató Aros en una entrevista posterior.

Siguió la definición, y claro, no hubo más errores. Federico Magallanes desató la algarabía charrúa, y Chile se quedaba otra vez esperando. La maldición ya tenía más de 80 años…

10) SYDNEY: A UN PASO DEL ORO – 2000

Luego de haber clasificado de forma increíble en el Preolímpico de Londrina, en el año 2000 Chile llegaba a los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia, con un equipo potente y la ilusión de hacer un buen papel. El certamen tendría 16 equipos, con 4 grupos que clasificarían a los dos mejores equipos en cada zona. Un sorteo no del todo afortunado emparejó a Chile con Corea del Sur, Marruecos y la poderosa selección española, que traía valores como Xavi y Carles Puyol, siendo además favorita al título.

La “Rojita”, compuesta por jugadores sub-23 (con la adición de tres adultos: Nelson Tapia, Pedro Reyes e Iván Zamorano, quien reemplazó a última hora a Marcelo Salas), pareció desde el primer momento destinada a romper la historia. Contundentes triunfos ante Marruecos (4-1) y España (3-1) permitieron abrochar el primer lugar del grupo, para enfrentar a Nigeria, toda una potencia a nivel juvenil, en la siguiente fase. La mala noticia es que Brasil aparecía, como siempre, en el horizonte de semifinales. Pero sucedió lo increíble y el “Scratch” cayó 1-2 ante Camerún, mientras que poco después Chile brillaba con un decidor 4-1 a Nigeria. ¿Camino despejado? En Chile los medios acumulaban expectativa: el primer título oficial estaba a dos triunfos de distancia… y los eventuales rivales en la final eran Estados Unidos y los mismos españoles, que ya habían sido vencidos por Chile en la fase inicial.

Éramos favoritos, esta vez sí. Y comenzado el partido la sensación se confirmaba: Chile no paraba de atacar el pórtico de los africanos, una y otra vez. Incluso, Claudio Maldonado desperdició la apertura en una jugada que hasta hoy se recuerda acompañada de insultos. Aún así, parecía que, al menos por esta vez la suerte nos acompañaba: minuto 77 y el camerunés Abanda introduce la pelota dentro de su propio arco. Parecía que sí, ¡Chile a la final por el oro!

Camerún, que no había hecho mucho durante el partido, parecía quedarse en semifinales. Pero, otra vez, el destino se puso en el camino de Chile y Mboma decretó el empate a seis minutos del pitazo final. Parecía que había alargue, pero… Pablo Contreras cometió falta dentro del área y era penal para Camerún. Todo podía desmoronarse en un minuto: el fatídico minuto 89. Y se desmoronó: gol de Lauren. En cinco minutos, Chile desperdició impensadamente una ventaja que no sólo era de un gol, sino que además el dominio de todo el encuentro.

Luego Camerún se quedaría con la medalla de oro, mientras Chile debió conformarse con el bronce, positivo en el contexto histórico de los Juegos Olímpicos para Chile, pero que representaba una gran decepción futbolística por lo cerca que había estado el escalón más alto del podio.

11) VERNI Y LA ILUSIÓN ANULADA – 2004

El mal llamado “polideportivo” vuelve a aparecer en nuestro recuento. Corría julio de 2004 y el lanzador de bala Marco Antonio Verni lograba lo que los medios calificaron entonces como “un balazo a la historia”: en un meeting disputado en Santiago, el deportista nacido en 1976 lograba llevar el bolón a 21,16 metros de distancia, una marca de nivel mundial. Faltaba un mes para los Juegos Olímpicos de Atenas.

Contexto: con 21,16 metros, Verni se hubiera metido en el podio mundial el año anterior, en París. También quebró el récord sudamericano de su antecesor y mentor, el legendario Gert Weil, finalista olímpico. De cualquier forma, lo del santiaguino era brillante y corría con las mejores posibilidades de la delegación en Atenas. Era claro que repetir la marca no era fácil, pero una final ya sería un logro enorme para el deporte chileno, tan acostumbrado a ocupar los últimos lugares. La preparación había sido exhaustiva: como se relata en el libro Chilenos Olímpicos, el balista de 128 kilos había entrenado en el calor de Arica, había participado en una gira por Europa y tuvo a su disposición al reputadísimo entrenador ruso Stanislav Vozniak.

Y llegó el 18 de agosto de 2004. A casi 300 kilómetros de Atenas, la sede principal, el legendario coliseo de Olimpia recibía a los lanzadores de peso para la ronda clasificatoria. Eran dos grupos de 18 balistas y los 6 mejores de cada zona avanzarían a la final de la tarde. En los cálculos iniciales, superar los 20 metros era suficiente para tener un lugar en la definición olímpica. La esperanza tenía fundamentos: el año anterior, Verni había superado tal marca en tres campeonatos importantes: el Orlando Guaita, el Iberoamericano y los Panamericanos de Santo Domingo. Había marcado tres nulos en el Mundial de París, pero nadie prefería pensar en aquello.

El trabajo de cuatro años se jugaba en algunos minutos. Primer tiro, nulo. Segundo tiro, nulo. Tercer tiro, nulo… ¿Nervios? ¿Mala suerte? Imposible saber con claridad. Verni abandonó el recinto de Olimpia llorando, mientras su entrenador atribuía la baja performance al supuesto “miedo escénico” del atleta. La final la hubiera alcanzado con 20,06; el podio, con 21,07.

Días más tarde, González y Massú asombrarían al mundo con sus oros y el nombre de Marco Antonio Verni pasaría al olvido. Pese a hacer una carrera brillante (posiblemente el mejor atleta chileno del nuevo milenio; pelea tal honor con su colega Natalia Duco), nunca logró exorcizar el fantasma de sus nulos en Atenas.

12) GONZÁLEZ Y LA MALDICIÓN DEL QUINTO SET – 2003/2009

Era 2003 y nuevamente uno de los nuestros se encargaba de asombrar al planeta tenis. Fernando González, luego de su explosivo 2002, estaba brillando en un Grand Slam: habiendo comenzado como 19° sembrado, el chileno se abrió paso a la segunda semana de Roland Garros luego de vencer en sets corridos al holandés Schalken (13°) y el finés Nieminen (30°). El “Bombardero de La Reina” jugaba un tenis exquisito y se alzaba como candidato al título en un torneo sin favorito claro. Un joven Federer había perdido en primera ronda con el peruano Luis Horna.

El partido de cuartos era, en el papel, el escollo más difícil. El sorprendente joven español Juan Carlos Ferrero, tercer sembrado en Bois de Boulogne. Pero González le dio batalla… y qué batalla. Lo recordó el periodista Rodrigo Hernández en la desaparecida revista El Gráfico Chile“Fue lejos el partido más difícil de Ferrero cuando logró el título ese año 2003. En el quinto set, González tuvo para quebrar y quedar 5-4. Con eso servía para ganar. Estoy seguro que si pasaba a Ferrero era campeón. El español ganó caminando sus dos partidos siguientes en tres sets (Albert Costa y Martin Verkerk) y se quedó con Roland Garros”. El marcador final: 6-1, 3-6, 6-1, 5-7 y 6-4 a favor del “Mosquito”. ¿Se parece al partido de Ayala, no? Sigamos avanzando.

Pasaron seis años y González nuevamente tenía la opción de avanzar a semifinales (cosa que un chileno no lograba desde los 50), enfrentando al británico Andy Murray. En su camino previo, González no había cedido un solo set: Vanek, Machado, Ouanna y Hanescu habían caído sin apelación ante la raqueta del santiaguino. Más: Rafael Nadal, que, al igual que el chileno, iba por la parte superior del cuadro, había perdido ante el sueco Robin Söderling (hasta hoy, es su única derrota en diez participaciones). El cuadro estaba abierto y así lo sentía González, que salió a jugarse su opción ante Murray, tercer sembrado del torneo. Y lo logró: en una actuación notable, “Mano de Piedra” apeó al escocés en cuatro sets y llegó a enfrentarse con Söderling en semis.

Parecía que sería un trámite para el sueco, que sólo había perdido cinco games ante Davydenko en cuartos y jugaba el mejor tenis de su vida. Los dos primeros sets confirmaron lo que se decía: 6-4 y 7-5 para el escandinavo. Pero González no se rindió: en una arrancada brillante, ganó los dos parciales siguientes y se puso 4-1 en el quinto set, a dos games de una final histórica. Era el momento.

Pero se vino abajo. De la nada, Söderling ganó cinco juegos consecutivos y avanzó a la final, donde caería ante Roger Federer, que había extremado recursos para derrotar a otro sudamericano, el argentino Del Potro. Fue la última opción de González en un “grande”: las lesiones ya no lo dejarían tranquilo. Se retiró en 2012, sin poder romper una maldición que parece tan grande como el prestigio de los torneos…

13) TETRASEMIFINALISTAS – 2010/2012

Antes de comenzar la edición 2010 de la Copa Libertadores de América, la historia del club Universidad de Chile en el campeonato indicaba dos peaks de rendimiento. Ambos habían sido derrotas en semifinales: el error del arquero Nef en 1970 y el robo del ecuatoriano Rodas en 1996 (que repasaremos en otra ocasión) habían impedido al cuadro azul disputar una definición subcontinental.

Ese año 2010 la mano venía pesada: no bastaba con ser segundo del grupo para clasificar, había que entrar entre los 6 mejores segundos, ya que dos elencos mexicanos se agregarían en la fase de octavos de final. Encima, la U debía afrontar un grupo complejo, con el gigante Flamengo y Universidad Católica (a la postre campeón chileno ese mismo año) en la misma zona. De forma notable, la U superó los obstáculos y avanzó en el primer lugar, sacándole 4 de 6 puntos a los brasileños. Alianza Lima fue el rival en octavos y los universitarios los superaron con dos afortunados goles en los últimos minutos. En cuartos aparecía, otra vez, Flamengo: la U ganó en el Maracaná y sentenció la llave en Santiago. Otra vez la pregunta: ¿ahora sí?

Luego de la para por el Mundial, el 27 de julio la U logró un meritorio empate 1-1 en Guadalajara ante Chivas. Bastaba igualar en blanco en casa para romper la maldición. En el minuto 20, Xavier Báez sacó un remate débil desde afuera del área. Miguel Pinto lo controla… pero la pelota se escabulle. Fue la sentencia de muerte. Los mexicanos sentenciaron la llave en el complemento y la U sumaba su tercera semifinal perdida. Inter fue campeón.

La revancha llegaría pronto, en la edición 2012. El cuadro dirigido por Jorge Sampaoli, que había asombrado al mundo con la obtención invicta de la Copa Sudamericana 2011, mantenía el sueño subcontinental pese a perder a sus principales figuras (léase Vargas, Canales y González). Clasificó primera a octavos, donde nuevamente la historia pareció trizarse luego de remontar una llave increíble ante Deportivo Quito. A Libertad le ganó en penales, logrando pasajes para enfrentar a Boca Juniors por el avance al partido decisivo.

Pero en La Bombonera, la U jugó un partido francamente irreconocible. Salió muy nerviosa a la cancha, liderada por jugadores sin experiencia en las grandes lides, y dos estocadas xeneizes decretaron un 2-0 muy difícil de remontar. En Santiago, los laicos intentaron, pero el tanteador no se movió. “Otra vez… será, otra vez… será” cantaban los hinchas argentinos en el Estadio Nacional. Era, sí, la cuarta decepción. Y hasta ahora no ha habido alternativa de revancha.

14) ROZANDO EL PODIO… DOS VECES – 2012

Sin duda alguna, Tomás González es el mejor gimnasta chileno de todos los tiempos. Afianzado en tal condición, llegó en la cúspide de su carrera a afrontar su mayor reto: los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde era, tal vez, la mayor esperanza de medalla para Chile en sus dos especialidades: el suelo y el salto con caballete en la gimnasia artística. El sábado 28 de julio estaba fechado su debut, en las clasificaciones por aparatos.

En una actuación histórica, González remató tercero en salto y sexto en suelo, abrochando su paso a las finales de ambos aparatos, a desarrollarse una semana más tarde. Durante la espera, la prensa chilena tapizó las secciones deportivas con la vida y obra del solitario crédito nacional: sus comienzos, las dificultades con la federación, los intentos europeos por nacionalizarlo, los logros y el camino a Londres, que lo podía tener en el podio dentro de pocos días. De una u otra forma, todos estábamos esperanzados en que el criollo, al menos, iba a obtener una presea en alguna de sus dos especialidades. El primer desafío era el más complejo: la final de suelo.

Casi sin errores, González ofreció una rutina limpia, pero de baja dificultad en relación a sus contendores, lo que lo dejó en el cuarto puesto, a un escalón de subirse al podio. OK, dijimos en Chile, en salto sí es favorito. Un día después llegó la final, que prácticamente paralizó a Chile por alrededor de media hora. El primer salto era de medalla: 16.400 unidades. El segundo, que luego desataría la polémica, fue de casi medio punto menos, quedando como promedio 16.183. El ucraniano Radivilov, que había entrado con lo justo a la final, fue bronce con 16.316. Cuarto lugar… y Chile sin medallas. Como tantas otras veces.

Yoel Gutiérrez, entrenador de González, destrozó a los jueces por la prensa, señalando, entre otras cosas, que “los jueces despojaron de una medalla a Tomás”, dejando entrever que no se había tenido el mismo criterio con los especialistas provenientes de Asia y Europa. Pero el resultado, obviamente, no cambió. Tomás González no pudo traer de Gran Bretaña la medalla que tanto merecía, y adornar otra vez el escuálido palmarés chileno.

15) UN PARTIDO INCREÍBLE Y UNA DERROTA DOLOROSA – 2013

Clasificados al Mundial luego de un Sudamericano irregular, parecía que la generación Sub-20 de 2013 era la mejor en mucho tiempo. Nicolás Castillo, Ángelo Henríquez, Bryan Rabello y Diego Rubio eran los estandartes del sueño nacional, comandados por un audaz entrenador proveniente de Barnechea, el ex mediocampista Mario Salas. No pocos pensaban que la “Rojita” podía superar lo obrado en 2007 y alcanzar alturas sorprendentes en el certamen juvenil.

Comenzó el torneo y Chile decepcionaba: derrotó con lo justo a Egipto, igualó ante un discretísimo equipo de Inglaterra y perdió ante Irak. Aunque clasificaba a octavos, el nivel de juego no daba para hacerse muchas ilusiones. El adversario de turno sería Croacia, que había ganado su grupo de forma brillante, derrotando a Uruguay. El partido se disputó en Bursa y la cuenta sólo se abrió a diez minutos del final: increíblemente, fue para Chile, con un afortunado nucazo de Nicolás Castillo. Terminaría 2-0 y el optimismo desbordante volvía a la palestra.

Cuatro días después, otro desafío de alto riesgo. Ghana, histórica potencia juvenil, se cruzaba en el camino de la “Rojita”, que ofrecería un partido para el recuerdo. Odjer abrió la cuenta a los 11′ para los africanos, pero Castillo y Henríquez dieron vuelta las acciones. Cuando faltaba un cuarto de hora para el final del partido y la clasificación chilena, igualó Assifuah. Llegamos al alargue, donde Chile se fue paulatinamente quedando sin piernas. Ghana dominaba y se notaba con mucho más resto físico, pero la historia pareció cambiar a los 98′ cuando Ángelo Henríquez anotó un golazo que puso en ventaja de nuevo al equipo rojo.

Pero, igual que en Sydney 2000, los últimos siete minutos serían la sentencia del equipo nacional. A los 113′ empató merecidamente Salifu y parecía que nos íbamos a la tanda de penales. Muchos incluso ya daban sus candidatos para patear en la definición, hasta que a balón parado, un intento ghanés sobró al golero Darío Melo. La pelota pasó entre dos chilenos, que no se atrevieron a meter las manos y la pelota se coló dentro del arco. Era el minuto 121 y los ghaneses celebraron alborozados la clasificación a semifinales: no era para menos. Chile lo había dejado todo en la cancha, pero, ayer como hoy, no quedaba alternativa más que resignarse…

 

¿Qué recuerdas de estos momentos? ¿Cuál es la reflexión luego de los años? La invitación es a comentar, leer, releer y dejar en marcadores este recuento de nuestras caídas. Nos faltaron muchas, claro, las que serán repasadas en las tres partes restantes, que iremos publicando durante el primer semestre.