mineiro celebra

[Última Amargura] Un Fútbol Enfermo + Crónica de una debacle anunciada

Un Fútbol Enfermo

Por Krakenzero

¿Qué chucha pasa? Eso es lo que nos intentamos explicar (No encontré peor foto para abrir este post)
¿Qué chucha pasa? Eso es lo que nos intentamos explicar (No encontré peor foto para abrir este post)

Los 3 equipos chilenos fueron derrotados estas 2 semanas en Libertadores en sus respectivos partidos claves para clasificar. 5 derrotas (2 en casa), 13 goles recibidos, 0 goles convertidos, con suerte 5 remates entre los 3 palos en los 5 partidos. Podríamos hablar de una semana negra, pero más que eso acá hay síntomas visibles de una enfermedad degenerativa de nuestro fútbol, después de un breve lustro de buena salud (que, oh sorpresa, coincide con la estadía de un DT de nivel mundial en nuestro medio y su breve legado).

Quisiéramos hablar simplemente de una mala semana pero tristemente este no es un caso aislado: últimamente es cada vez más raro que nuestros equipos locales lleguen a los octavos de final (que sería apenas estar entre los 16 mejores equipos de un continente de apenas 10 países y un invitado). El año pasado sólo lo consiguió la Unión, que con los 4 años de proceso y trabajo de Sierra ni siquiera pudo hacerle un gol al debutante DT Martín Palermo y sus 2 semanas en Arsenal de Sarandí. El anterior nadie. Las campañas destacables de la U (semis el 2010 y 2012) y la UC (cuartos el 2011) parecen un oasis ante otro gran vacío de ahí para atrás: salvo los cuartos del Cobreloa de Nelson Acosta el 2003, hay que remontarse a 1997 (!) para encontrar a otro equipo chileno entre los 8 primeros. Pareciera que hemos sufrido una recaída drástica.

Párrafo aparte para los mal llamados clubes grandes: la U, de tanto festinar con las cuatro (ahora cinco) eliminaciones consecutivas en primera fase de su archirrival, acaba de completar su tercera. Colo Colo, que quedó eliminado sobre el final, debe retroceder 9 años para su última fase avanzada (y 18 para su última actuación destacable). Ambos han dejado una tristísima imagen en sus respectivos grupos: los azules, por lo abismantemente inferiores que se vieron ante rivales que no eran ningún cuco; los albos, por la forma increíble en que dejaron escapar la clasificación. Los chicos, en tanto, han desplegado un fútbol digno pero una falta de jerarquía que parece chiste: lo absurdo de las eliminaciones de Huachipato (regalando un partido en casa ante el rival más débil después de dar batacazos en Brasil), O’Higgins (que desperdició la clasificación en los últimos minutos en tres (!) jornadas consecutivas) y Palestino (cuyo DT descartó del torneo a su delantero más peligroso y comprometido arguyendo a una supuesta “mala actitud”, además de cometer otros errores graves en duelos clave) no dan lugar a dudas de que hay algo más allá de la capacidad futbolística que está fallando.

Shó te avisé, Y vos no me escuchaste (?)
Shó te avisé, Y vos no me escuchaste (?)

Quizás la respuesta la encontremos en el medio local, donde existen varias aristas: por un lado el favorito al título a dos fechas del término es Cobresal, un equipo cuyo rendimiento en un torneo regular lo tendría peleando el segundo o el tercer lugar (de hecho tiene campañas similares en los 80 en las que ni se acercó al título); el problema es que las máquinas de ganar del torneo pasado (Colo Colo, la U y Wanderers) andan desaparecidos en acción, lo que nos obliga a revisar con lupa sus actuaciones del año pasado. ¿Eran tan buenos? La impresión que queda es que son equipos que tenían 20 minutos buenos de 90 y que con eso más un poco de orden y peso específico era suficientemente para meter esos números. De hecho, 2 de esos 3 equipos están teniendo la gris campaña en Libertadores ya mencionada y el otro fue barrido por Palestino apenas se apagó su buen momento. Caso interesante es el de Wanderers: por el formato del torneo en este campeonato peleaba título o nada. Se despotenció significativamente (eso es lo que es reemplazar a Gutiérrez y Mier por un delantero de la B y un juvenil), sufrió algunas lesiones, perdió 3 partidos y botó el torneo: a la octava fecha ya estaba jugando nada más que por cumplir (no puede descender, no puede ir a liguilla). Lo notable, es que nos representará en la Copa Sudamericana venidera. Es razonable preguntar, ¿a qué Wanderers veremos en Agosto?

En verdad, nos podemos preguntar eso de casi todos los equipos chilenos. Nadie sabe para donde va, no hay ningún plan por ningún lado. Colo Colo se quedó sin director deportivo y lo va a reemplazar por un ex crack sin ninguna experiencia (o más bien una sola, pero muy negativa) en el ámbito dirigencial. El técnico apostó por sandías caladas de refuerzos, consiguiendo éxitos inmediatos pero conformando en última instancia un plantel corto, de poca proyección y decreciente rendimiento físico lo que los pone en apuros en el mediano plazo. La U en su etapa previa con Aguad tenía algo parecido a un modelo de captación de talentos locales y hoy descartó ese modelo para gastar millonadas en extranjeros de rendimiento más que cuestionable. La UC parece vivir los últimos estertores de la era Buljubasich y con Mario Salas como DT podría esbozar (por primera vez desde Pizzi) algo parecido a una idea de cómo lograr el éxito deportivo. Con esta realidad, lo irreconocible de varios “medianos” (Unión, O’higgins, el ya nombrado Wanderers) y la de otros proyectos perdidos como Audax Italiano e Iquique (hace no mucho tenían proyectos deportivos interesantes y eran ejemplo en gestión, ¿se acuerdan?), no extraña que el Cobresal de Giovagnoli esté ad portas de un logro histórico sin necesidad de una gesta épica.

La mención anterior al argentino Giovagnoli no es casualidad: pareciera que ni ante tamaña oportunidad en nuestro fútbol los entrenadores chilenos son capaces de capitalizar. La gran mayoría de DT campeones en Chile el último tiempo son extranjeros, y eso ya debería dar pie a algún tipo de autocrítica en el INAF (quien hoy monopoliza la formación y certificación de entrenadores nacionales). Hoy 14 de los 18 equipos de primera división son dirigidos por chilenos, es decir todos menos el puntero, el último campeón, la revelación del torneo anterior (estos últimos 2 además con malas campañas en Libertadores) y otro que a la fecha está metiéndose en la liguilla Pre Sudamericana. ¿Casualidad? Y en el Colegio de Entrenadores siguen creyendo que todo va color de rosas y que la responsabilidad recae (lugar común si los hay) en los extranjeros que vienen con el verso y los dirigentes que se lo compran.

¡Alto! Inspección de billeteras (?)
¡Alto! Inspección de billeteras (?)

Los dirigentes también son un tema crucial en el objetivo de explicar esta difícil situación actual. Hace ya cuatro años se produjo una ridícula colusión de intereses privados y personales que tuvo como víctima inmediata a la selección adulta, pero también como consecuencia directa la llegada de palos blancos al control del fútbol rentado en Chile. Ninguno de los involucrados en adelante tuvo desde ese momento interés en utilizar su cargo para servir a intereses que no fueran la agenda propia o la de a quienes representaban (aunque es justo pensar que antes tampoco fuera así, al menos se vislumbraba un proyecto de desarrollo deportivo e institucional, algo inexistente hoy). Esto en un marco de organización poco pulcra y de decisiones y reglamentaciones poco pensadas genera escenarios como el actual, donde el descenso se pelea más en los tribunales que en la cancha. Donde los reglamentos se reescriben en mitad del torneo para tapar huecos. Donde 2 de los certámenes en principio más importantes de nuestro fútbol hoy deambulan entre el desprestigio y desinterés del común de la gente (la Copa Chile) y la desorganización más extrema (¿alguien sabe algo de la Supercopa?). Donde no hay cobertura para los torneos de ascenso y a las cadetes (que al final de día alimentan a los equipos chilenos) se les recorta descaradamente el presupuesto Y el torneo (!) para reducir costos. Donde clubes son factorizadores de otros clubes y otros sirven a triangulaciones ilegales de contratos de futbolistas. Donde vamos a zafar raspando de la humillación organizativa más grande de ni siquiera poder recibir una Copa América (con el proyecto estrella del evento –el nuevo estadio de Collao- terminándose en pleno torneo (!)). Con el escándalo de tener a un personero de la administración como el encargado oficial de organizar un Mundial, prestar sus servicios de televisación (a través de una empresa fantasma sin empleados ni instalaciones) y fiscalizar su gestión financiera, todo simultáneamente. Y con el clamoroso fracaso de un plan para erradicar la violencia en los estadios, que no ha hecho otra cosa que acrecentarla al tiempo que ahuyenta a los no violentos de las canchas.

Quería llegar a las hinchadas, que también han sabido mostrarnos su peor cara (dejando fuera de este análisis a algunos grupos que efectivamente hacen cosas por la comunidad). Las barras bravas organizadas, tras tantos años alimentándose de los clubes, ya han crecido por sobre ellos y hoy tienen agenda propia por sobre éste. Si el club pierde puntos, es multado, debe jugar sin público o cualquier otro castigo no es tema para estas fuerzas de choque, que hoy funcionan esencialmente como un niño malcriado haciendo un escándalo en público para que el papá lo pase mal y así obtener lo que quiere (celebrado por el abuelo, tío o tía que quiere que el papá lo pase mal para así poder tomar ellos las decisiones), salvo que en este caso las consecuencias de sus actos son sumamente peligrosas para todos los participantes. Está claro que en las dirigencias no hay voluntad para acabar con este problema porque ven en estos grupos valiosos aliados, y entre Estado-ANFP-Clubes seguimos con un pinponeo eterno de responsabilidades que ya no resiste análisis como tampoco la discusión por “el bombo y los lienzos”; ambos, adminículos obsoletos que simbolizan el poder del barrabrava por sobre el espectador (que paga su entrada y que no puede entrar ni un paraguas al estadio) y que de alguna manera se convirtieron en el receptáculo de “la pasión, la fiesta y el aguante”, conceptos que curiosamente al día de hoy aún no se manifiestan en un triunfo deportivo.

La alegría el recambio ya vieeeneeeee…
La alegría el recambio ya vieeeneeeee…

Por último, toca revisar el apreciable aporte de los jugadores en todo este caos. Cierto es que la Ley Bosman significó un soplo para el fútbol sudamericano en general, que vio partir a la mayoría de sus grandes figuras sin tener recursos económicos para contener el éxodo. No obstante, el golpe más duro a nuestras ligas llegó con la “Casalización” posterior, el cúmulo de representantes que aparecieron desesperados por captar, transferir y expoliar al jugador que no tuvo ni los dedos de frente ni el entorno que le hiciera ver que están jugando con su carrera y con su futuro (quizás se den cuenta cuando en 20-25 años trabajen en la PYME de su viejo o vivan de la generosidad de un amigo con mejor situación). Aparecieron el “cumplí un ciclo” (tras un semestre), el “asegurarse el futuro”, el “me están cortando las alas”, el “si no me transfieres me lesiono y no juego en todo el semestre” y un sinfín de pauteos que ya se empezaron a transferir de generación en generación (¿cuántos años de diferencia tienen un Marcos González y un Nicolás Castillo? ¿unos 15?). No hay ciclos, no hay adaptaciones, no hay contratos que valgan, ni siquiera hay ahorros para el período del año sin torneos (y ahí envían a la cara visible que es el presidente del SIFUP, paladín de avalar la mediocridad corporativa). No hay compañeros de equipo de experiencia dispuestos a aconsejar o ayudar y cuando lo hacen, son los primeros en lavarse las manos a la primera oportunidad (como lo que pasó entre Paredes y Carlos Muñoz). Todo es plata inmediata, y con eso ya estamos llenando la 3ra categoría de España (“la adaptación es más fácil por el idioma”, hasta en eso se percibe flojera), Noruega, Bélgica y la liga nortamericana. Cuando ya se fueron los buenos, los más o menos y los mediocres pero que tenían alguna proyección, lo que va quedando es lo que vemos todas las semanas en nuestros pastos nacionales. Y los que vimos en esta Libertadores en los casi 3 meses en que alcanzamos a estar presentes.

Los 3 equipos chilenos fueron derrotados esta Libertadores en sus respectivos partidos claves para clasificar. Justo cuando estamos ad portas de una Copa América en casa, con una generación notable de futbolistas, que ya sabemos en el corto plazo no se va a repetir. Confiaremos en que las actuaciones individuales de nuestro puñado de estrellas (algunas de las cuales como Bravo y Sánchez afortunadamente pasan por un muy buen momento) más una actuación sólida del resto nos alcance para lograr lo que nunca logramos antes. Es una apuesta arriesgada jugársela toda a una generación. Pero es lo que tenemos: no hay nada más ahora, y tampoco a 4-5 años plazo. Y en la Copa América Centenario en EEUU y en la clasificatoria a Rusia vamos a volver a apostar a estos 4 ó 5 nombres, ya que no hay más en camino. Mirando el panorama parece que ya sabemos lo que se nos viene en un futuro no muy lejano: eliminatorias angustiosas, derrotas con Venezuela y Bolivia, mundiales vividos desde lejos, amistosos FIFA con rivales ignotos, ex referentes tratando de enderezar el asunto con sus últimos cartuchos, indisciplina, vagar entre la humillación y la intrascendencia en la Libertadores y Sudamericana, en fin, la vuelta sin escalas al tercer mundo futbolístico. Quisiera decir que estamos a tiempo de enmendar el rumbo pero ya no lo tengo tan claro. Después de todo, los últimos 5 años son más la excepción que la regla.

Nos pasó en el tenis (¡2 veces!). Nos ha pasado antes en el fútbol. ¿Habrá forma de evitarlo ahora? ¿Habrá salida?