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[Cambio de frente] Las Vacas Sagradas

Sacamos del freezer(?) a [Cambio de frente] y lanzamos hoy un nuevo post para que los ugiles puedan Zzzzz discutir y hablar civilizadamente acerca de cuestiones futbolísticas bizantinas y que en realidad intenta ser un lugar de opinión sobre algo que en la página generalmente no se habla mucho -aunque sea su objetivo de ser- : de fútbol. Hoy, hablamos de una cuestión transversal en el mundo futbolístico: Las vacas sagradas o los ídolos y su tratamiento en el pasto la cancha. ¿Dejarlos como titulares cuando el rendimiento es bajo o sustituirlo por alguien más desconocido pero que está en un mejor nivel? Let the game begin.

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Todo este post es un pretexto para hablar de #losmejores ¡Que arda UG!

Al prender la televisión, ya sea para ver los potreros de la B o las alfombras verdes de la Champions League, siempre vamos a ver a jugadores importantes en cada equipo. Y no nos referimos a los superclase que aparecen en Europa y que casi no quedan en Sudamérica, sino que a jugadores que son referentes – a veces ídolos – en sus clubes y que generalmente ocupan un lugar fundamental en el esquema táctico del equipo y también en el corazón de los hinchas. Por ejemplo: Vemos al Atlético de Madrid del Cholo Simeone y de inmediato destaca Godín, en el Internacional de Porto Alegre brilla D’Alessandro o vemos a la UdeC puntera(?) del profe Fuentes y resalta rápidamente Gabriel Vargas.

Los equipos de fútbol no son distintos al resto de la sociedad y al igual que en cualquier asociación, empresa y en general toda agrupación humana, existen ciertos individuos que se destacan respecto de otros, ocupando posiciones más importante, destacándose más en su labor o incluso siendo más queridos por sus pares. Así las cosas, cada equipo tiene – e incluso necesita – tener algún ídolo o referente del equipo en la cancha. ¿Conocen algún club sin referentes?

Ya sea por experiencia, por talento, por ser formado en el club e identificarse con él, por carisma o porque simplemente no hay otro disponible(?), siempre hay uno que se destaca. Ejemplos hay y de sobra, de los distintos tipos de referente o de ídolos. La selección uruguaya que salió tercera en el mundial de Sudáfrica 2010 y que fue campeona de América el 2011 tenía varios referentes por diversas razones: Lugano por la experiencia, Forlán por su nivel futbolístico y Abreu por su carisma.

 

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El viejo, el bueno y el loco.

Como dijimos más arriba, el referente será parte fundamental dentro de la oncena titular y dentro del plantel. Si el referente está en un buen nivel no hay discusión y en la mayoría de las veces el DT de turno preferirá al ídolo por sobre a cualquier jugador promedio.

El dilema – y el quid de este post – se produce cuando nuestro referente no está rindiendo acorde al nivel que se espera o incluso está en un nivel regular/bajo y tenemos a alguien sentado en la banca que está en un mejor nivel (nunca tan bueno como el referente en su mejor momento) pero que en el campo de juego puede hacer un mejor papel por el momento.

Por un lado, algunos preferirán incluirlos siempre desde el inicio porque son vitales para el funcionamiento del equipo y a pesar de la merma física o el mal momento futbolístico, tienen esa capacidad para tener un momento de luz y a través de una jugada individual puede cambiar el trámite del partido. Su calidad técnica y experiencia puede ser decisiva para determinar el resultado de un partido. Un gol, una asistencia perfecta, una jugada magistral que termine en gol, hacer expulsar a un rival, manejar al árbitro, tapar un penal, lesionar a la figura rival(?), fabricarse un penal, todas estas conductas las puede hacer un referente y con mayor probabilidad que cualquier otro jugador.

En definitiva, al ser un jugador distinto y especial, por su experiencia, picardía o calidad técnica, hay que dejarlo si o si en cancha, a pesar de que paste todo el partido y en el minuto 92 haga una jugada genial que defina el partido. Podríamos decir que esta es una mirada más individualista.

Otro argumento plausible es de carácter emotivo: el jugador es un ídolo y a los ídolos se les respeta. El tipo le dio tantas alegrías a tu institución que a pesar de que no esté en su mejor momento se tiene que quedar en la cancha. Curiosamente el trato que se les da a los ídolos en este país es particular, muchas veces se los deja de lado y en el olvido porque ya no rinden tanto como antes. Casos como el de Juan Román Riquelme en Boca (antes de irse a Argentinos) no son habituales en Chile. A pesar de que ya eran pocos los chispazos del 10 argentino, la hinchada lo pedía siempre como titular. Bueno, por algo existe el denominado “Pago de Chile.”

Sabiduría no es destruir ídolos, sino no crearlos nunca.

Por otra parte estarán los que no tengan miedo o remordimiento en dejar al ídolo del club en la banca. Estos dirán que lo primordial es el rendimiento en la cancha y que el fútbol es de momentos. En ese caso, si el arquero con más partidos o el goleador histórico está pasando por un mal momento o viene saliendo de una lesión y está al 65% simplemente no corresponde que esté en la cancha. La oncena titular se debería armar exclusivamente con los jugadores que estén mejor física y mentalmente. No sirve que el ídolo pueda jugar 15, 20 o 30 minutos – a lo más lo meterían en el segundo tiempo – porque significa perder a un jugador y jugar con 10 hombres.

Además, hay que considerar que ser ídolo no implica blindaje absoluto y que sería injusto no permitir el surgimiento de nuevos futbolistas porque las vacas sagradas hay que respetarlas y dejarlas en la cancha. En ese sentido esta podría ser una mirada más colectiva, que privilegia al equipo y no al jugador especial, prefiriendo a 11 jugadores promedio a un equipo con un jugador especial. En definitiva, la idolatría queda de lado y lo más importante es el rendimiento colectivo, y si éste se resiente porque hay un weón pastando en la cancha por 88 minutos entonces hay que sacarlo.

Por ejemplo: En Brasil 2014, hubiese implicado que Sampaoli no hubiese alineado a Vidal en cancha (venía saliendo de una lesión)  sino que a alguien de nivel más bajo, pero que quizás estaba mejor físicamente, como Pipe Gutierrez. ¿Lo habrían hecho?

En resumen, si nuestro referente o ídolo no está en su 100%, ¿lo dejamos en la cancha esperando su magia o lo sacamos y ponemos a alguien de menor calidad pero que está en un mejor momento? ¿Dejarlos como titulares cuando el rendimiento es bajo o sustituirlo por alguien más desconocido pero que está en un mejor nivel? ¿Preferimos a un jugador ídolo de buen nivel pero de mal rendimiento por un jugador promedio y que está rindiendo mejor? ¿Se debe respetar al ídolo a pesar de no estar en un gran nivel? ¿Prefiere a 11 jugadores promedio en buen nivel o a un equipo con 3 o 4 jugadores sobresalientes e ídolos y que no estén en su mejor momento?

Finalmente, un caso extremo: Ronaldo con claro sobrepeso y referente del área, ¿lo dejas en la cancha o lo sacas para poner a otro delantero medio pelo pero que está en mejor nivel? 

Un caso extremo: Como ídolo, a pesar de su liberalidad ¿lo dejamos en la cancha o no?