La derrota ante Bolivia es solo el punto final de una serie de episodios desafortunados

[Cambio de Frente] ¿El fin de un ciclo?

Tengo rabia y pena. Más pena que rabia en realidad. Pena por lo que está pasando y rabia por lo que está por pasar. No creo ser el único que se levantó hoy y vio con desazón las portadas de los diarios, la televisión o esta misma página y quiso volver a dormir y soñar. Soñar como veníamos soñando desde 2007. Un largo y hermoso sueño, donde un colectivo, un conjunto de jugadores y técnicos nos permitió vivir los momentos más felices de nuestras vidas (fuera de situaciones familiares), donde millones de personas gozamos y sufrimos con la camiseta roja.

Recordemos que antes de ese sueño vivimos terribles pesadillas. Yo nací en 1988 y no tuve la suerte de vivir el mundial de 1962, que hasta hace unos años era la mayor gloria de nuestro fútbol. Crecí escuchando historias de la selección, con el glorioso Leonel Sánchez goleador del mundial y de cómo pudo ser distinta la historia si Don Fernando Riera consideraba a Enrique Cua Cua Hormazábal, uno de los primeros Valdivia de la historia de la selección. De cómo tuvimos jugadores brillantes, otros eternas promesas y muchos más solo del montón.

Estos 5 eran los mejores de la historia cuando yo nací

Después pasaron entre muchos otros, Don Elías Figueroa, ídolo absoluto en Brasil, y uno de los mejores centrales de la historia del fútbol mundial, o Carlos Caszely, que estuvo a minutos de hacer historia con Colo Colo ‘73 y que es tristemente recordado por el penal marrado en el mundial del ‘82 y no por su carrera defendiendo la camiseta del Levante y del Espanyol.

Mirando antes del ‘90 no encuentro mayores éxitos deportivos de nuestro seleccionado nacional, que miró por TV como Uruguay, Argentina y Brasil levantaban copas mundiales, los mismos países con los que en 1916 inauguramos la Copa América, que 99 años se nos resistió. Yo ni siquiera había cumplido 2 años y el triste espectáculo del Maracaná nos privó de jugar mis 2 primeros mundiales como hincha (Italia ‘90 y EEUU ‘94).

Era 1996 y yo ni sabía de la existencia de La Roja. Mi creciente pasión por la UC y los tremendos campeonatos del ‘94 y ‘95 hicieron más patentes mi predilección por el juego del cuadro estudiantil hasta que un día  2 de junio y tras el empate de Chile y Venezuela en Barinas, asume Don Nelson Bonifacio Acosta. Bajo su conducción es que por primera vez vi a la selección como un hincha. Gocé y sufrí con la dificilísima clasificación a Francia, la primera en 16 años y aún recuerdo como vi el robo de Lucien Bouchardeau en mi primer partido de Mundial ante Italia, para el partido con Austria nos amargamos viendo el gol de Vastic en el colegio y aún así tras el empate con Camerún por primera vez desde 1962 que Chile clasificaba a una segunda ronda.

Los Sa-Za, de lo mejor que he visto en cancha

Brasil, que se convertiría en una bestia negra para Chile nos despertó de ese primer sueño, uno breve pero que sin duda despertó la pasión por la selección de muchos de los que estará leyendo esta columna. Es difícil no hacer paralelismos entre esa selección casi amateur de NBA y la que estamos viendo ahora. Sin duda hace casi 20 años atrás, nuestra selección llegó a un peak donde nos hicimos un nombre. Recordaremos por siempre a Marcelo Salas e Iván Zamorano, ídolos absolutos e inapelables de cualquier futbolero que pase la treintena. Yo no olvido las tardes de sábado o domingo esperando el relato de Héctor Vega Onesime y ver cómo Bam-Bam le tapaba la boca al argentino Valdano a punta de garra y goles. O cómo el matador se cansó de hacer goles en River Plate y se ganó a punta de talento y mística un nombre en el viejo continente, primero en un histórico Lazio ganador del Scudetto y luego en la Juventus que fue la última estación de una carrera que pudo ser mucho más de no ser de la maldita lesión que no le permitió ser el mismo.

Los Juegos Olímpicos de Sydney fueron la última parte de un sueño del que no quería despertar. Había tanta esperanza en una generación de chicos que prometía reforzar a los ya casi veteranos Margas, Reyes, Zamorano, Sierra y Estay. Empezamos a creer que podrían reemplazarlos los David Pizarro, Claudio Maldonado, Sebastián González, Rodrigo Tello podrían reforzar la base del ‘98 y pavimentar el camino a nuestro segundo mundial consecutivo en Corea del Sur y Japón.

Tan bajo caímos que jugamos contra Bahrein (!) con ese 11

Craso error. Despertamos del sueño tan rápido que no nos dimos cuenta. Luego de ganarle 3-0 a Brasil el 15 de agosto del 2000 vino una caída libre, que terminó por sacar a NBA y tuvimos en menos de un año a Pedro García, César Vacchia y Jorge Garcés (!!!!!). Terminamos últimos con 12 puntos en la peor clasificatoria de la historia, cuando solo 3 años antes casi tocábamos el cielo en el ranking FIFA en un hasta ese entonces inédito 6to puesto.

Las clasificatorias al 2006 siguieron con la pesadilla de no poder clasificar al mundial y parecía que era solo la vuelta a la intermitente historia que, cual cometa, solo nos da alegrías cada ciertos años. Después de pasar por los #biotipos del profesor Olmos, volvía Nelson Acosta a tratar de salvar el barco y prepararse para la Copa Mundial de Sudáfrica 2010. Antes de eso llegó la Copa América 2007 y un recién asumido Harold Mayne Nicholls confirmó a NBA en la banca. Pasó el famoso Puerto Ordazo y pensamos que no podíamos caer más bajo. Más de alguno perdió la esperanza en la selección.

Pensar que la esperanza de gol de Chile pasó por Navia, Martel y El Rey León (!)

Como un milagro llegó la noticia de la llegada de Marcelo Bielsa y Chile cambió. Los nuevos Sa-Za fueron Suazo y Sánchez. Además de los goleadores, fue fundamental que se juntaron los mundialistas sub 20 de 2007 (Isla, Medel, Vidal, el mismo Alexis) con otros que venían brillando antes (Bravo, Matías, Ponce, Jara) y lograron que 12 años después de Francia volver a un Mundial. Por primera vez, no dependíamos de uno o dos jugadores en gran forma, donde el colectivo primó sobre las individualidades. Volvimos a chocar con Brasil y la historia se encargó de nuevamente hacernos sufrir.

Se acabó la aventura de Bielsa y Borghi casi nos vuelve a nuestro lugar. Si, porque Chile no se ha caracterizado por ser un país exitoso, por favor olvídate de eso. La Copa América 2011 fue el último fracaso de esta selección, donde perder con Venezuela, un país que no tiene tradición futbolística y que con trabajo y juego colectivo nos sumió en otra crisis. En esa misma época, un DT con pocos pergaminos se hacía su camino y llenó de gloria a Universidad de Chile. Jorge Sampaoli fue llamado a ser el facilitador al camino a Brasil 2014 y así llegamos a otro peak de rendimiento. Desde marzo de 2013 hasta julio de 2017 solo fueron buenos momentos.

De rodillas y todo, no conseguimos vencer a Brasil

Aunque Brasil nuevamente truncó las esperanzas en una copa Mundial, esta vez no quedamos con la sensación de desazón, sino de fe. Porque este grupo nos hizo creer que esto no era el final. Y así fue, en casa como celebramos #La1. Porque Jorge Luis Sampaoli Moya y varios jugadores, de los que destacaron Gary Medel, Claudio Bravo, Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Charles Aránguiz, Marcelo Díaz, Mauricio Isla y Gonzalo Jara, entre otros, hicieron posible bajar la Copa América. No les bastó. Un año después y ahora con Juan Antonio Pizzi, estos mismos y otros más lograron una inédita segunda Copa América, en una versión distinta (Centenario) que esta vez congregó equipos de la Concacaf. La gloria se saboreó más fuerte y los muchachos siguieron con sed de triunfos. Sinceramente esperaba no despertar nunca más de este sueño.

La Copa Confederaciones fue de dulce y agraz. No esperaba que se ganara, pero una parte de mí la deseaba más que nada. Sabía que este sueño no duraría mucho y quería una alegría más. Porque el fútbol, aunque son solo 11 contra 11 en una cancha que a lo más podrán disfrutar 50 o 60 mil espectadores, permitió que millones se hicieran ilusiones, esperanzas y olvidaran el día a día de mierda que tenemos, con una realidad que agobia. Deudas, robos, estafas, políticos que están más preocupados de llenarse el bolsillo que de ayudar al pueblo. Abusos, violaciones e injusticias que nos deprimen y dan paso a alcoholismo, drogas y muerte. Muchos pensarán que la pelotita nos emboba, pero la verdad es que es una puerta de escape a la realidad, una que nos permite soñar.

Parece tan lejos y solo ha pasado un año (!)

Y a 2 fechas del final de este sueño, pase lo que pase solo será una agonía lenta, un despertar que será más duro que los anteriores. Porque nunca tuvimos una generación tan exitosa como esta, aunque le duela a Chomsky, Guarello y otros que añoran los tiempos en que los jugadores eran ejemplo para la sociedad. Los jugadores son solo personas, con carencias y sueños, igual que tú y yo. Les doy las gracias, porque nunca pensé ser tan feliz y añorar tanto que llegaran esos 90 minutos donde los rojos se jugaban a muerte la victoria. Donde hicimos sus éxitos nuestros y lloramos de felicidad. Yo no les reprocho nada, aunque todavía tengo rabia y pena, no por ustedes, que son humanos y como todos tenemos buenos y malos momentos.

Tengo pena por lo que está pasando y rabia por lo que está por pasar. Pena porque el sueño se está acabando y rabia porque no puedo hacer nada por evitarlo. Solo recordar, que nuestra historia tiene más de agraz que de dulce. Y para los exitistas y nuevas generaciones un mensaje: Bienvenidos a nuestra realidad.