[Área grande de nuestra historia] 45 minutos para la historia

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En el primer tiempo se jugó el más hermoso fútbol visto en Chile en muchos años.

Así empezaba la nota del partido entre el Santos de Pelé y la selección de Checoslovaquia en el Estadio Nacional, disputado la tarde del sábado 16 de enero de 1965, redactada por Antonino Vera, AVER. En míticas jornadas dobles se jugaban estos partidos por los torneos hexagonales de verano, donde en ese año participaron Universidad Católica, Universidad de Chile, Colo Colo, Santos de Brasil, River Plate y la Selección de Checoslovaquia. Por algún motivo, comentamos este partido con mi papá, quién escuchó el partido por la radio y se acordaba aún de la nota de la revista, aunque creía que había sido escrita por JUMAR (Julio Martínez).

Parece increíble que equipos como el Ferencvaros de Hungría (1962), Peñarol campeón de Copa Libertadores (1963), Independiente y Racing (1963), Sheffield Utd , Milan y Sevilla (1966), entre otros equipos visitaron nuestro país en la década de los 60, cuando aún los equipos sudamericanos eran muy competitivos y los saltos de América a Europa eran muy difíciles.

 

A continuación, el resto de la nota de la revista Estadio:

 

RUMOR de multitud sorprendida y regocijada. Deseos de quedarse mucho rato allí en los pasillos del Estadio comentando el partido. Carabineros tuvo que desplegar muchos esfuerzos para despejar, porque la gente quería permanecer allí hablando, ponderando, aplaudiendo todavía con los gestos y las palabras.

Gente contenta, maravillada. Gente que traslucía su íntima alegría en el comentario rumoroso, en la expresión sonriente. No vimos una cara seria, una boca muda en ese tránsito a la calle. Porque el que iba solo necesitaba comunicarse con alguien y enhebraba la conversación con el que iba al lado, escuchamos expresiones como éstas: “¿Fue verdad lo que vimos, o solo fue una fantasía?”… “Ya puedo morirme tranquilo. He visto fútbol.”… “¡Por fin vimos a Pelé! ¡Es fabuloso!”… “Yo voy a pasar a las boleterías y voy a dejar unos billetes más”…

EL MISMÍSIMO

Esa fue la reacción masiva al término del match entre Santos y la Selección checoslovaca. Admiración, alegría, felicidad interior.

Puede ser que si Pelé no hace ese tercer gol suyo y sexto de Santos los comentarios no hubiesen alcanzado tan alto grado. Porque evidentemente hubo un pronunciado desequilibrio entre el primer y el segundo tiempo. Pero el soberbio tanto de “la perla negra” puso en ambiente otra vez al público. Lo llevó de nuevo al nivel en que lo había puesto en esos primeros 45 minutos.

Hemos titulado el comentario “CUARENTA Y CINCO MINUTOS PARA LA HISTORIA”. Y no creemos exagerar. Pasará el tiempo. Veremos centenares y miles de partidos. Pero la memoria siempre volverá a este espectáculo de la noche del 16 de enero. Y así como los aficionados aún recuerdan aquel River Plate – Peñarol de hace 23 años, tendrán que recordar este Santos-Selección checoslovaca de una noche de 1965. E indefectiblemente ocurrirá que van a surgir muchísimos más espectadores de los que realmente hubo. Esas 70 mil personas del sábado se multiplicarán al conjuro de la sugestión, del deseo de haber estado realmente en el partido…

45 minutos para la historia… Efectivamente. Todo se hizo bien en ese primer tiempo. Fútbol veloz, preciso, de esquemas claros. Los dos cuadros encaminados al mismo fin con medios diferentes. Más fluidos más elásticos los brasileños. Más fuertes, más resueltos los checoslovacos. Fútbol de técnica pura, también en distintos matices. Más naturales lo de Santos, con más esfuerzo los europeos. Pero con el mismo objetivo logrado. Dominio de pelota, “paredes” y hasta “túneles” ejecutados por ambos lados con un mismo sentido funcional.

Los dos superaron largamente sus respectivas performances de estreno en el Hexagonal. Además de los factores de siempre (aclimatación, más fútbol en el cuerpo, etc.) hubo otros que operaron esta mejoría. En Santos, el factor se llamó Lima, y en la Selección checa, Masopust. Los dos distribuyeron mejor el juego, fueron más agresivos que sus reemplazantes (Mengalvio y Bencz, respectivamente). Construyeron y dirigieron mejor.

Ese primer tiempo fue excepcional porque se jugó a rara y sostenida velocidad, porque el balón sólo se levantó para hacer un centro largo, porque se buscó siempre la profundidad, porque hubo un equilibrio marcado, que quedó reflejado en el escore: 2 a 2, y porque cuesta decidirse en determinar cuál de esos cuatro goles fue de mejor factura. Jugadas perfectas, en que más que imprecisas o descuidos defensivos, influyeron para su consecución la habilidad, la potencia o la decisión de los ejecutantes.

Los checoslovacos, entre otras cosas, tienen la valiosa cualidad de aprovechar sobre la marcha cualquiera situación favorable. Tienen tanta inspiración como el que más para decidir una jugada que puede terminar en gol. El defensa lateral izquierdo Weiss, por ejemplo, intuyó el pase abierto y adelantado de Masopust y corrió como puntero para recibirlo y hacer sobre la carrera el centro que recogió de volea Masny para decretar el primer empate (1 a 1). Joao Modesto se lanzó al bulto, al cuerpo de Geleta, y éste se le anticipó jugando la pelota en profundidad para que entrara Mraz y pusiera a los europeos en ventaja. Claridad mental, rapidez de ejecución, ademas de técnica del chat quedaron expuestas en esas jugadas.

En los goles de Santos se reveló la habilidad latina. Coutinho, en una gran maniobra en que participaron Zito, Pelé y Lima, desplazó en pequeñísimo terreno a los fornidos defensas checos, sin mover casi los pies del suelo, con fintas solamente, y quedó en posición de batir a Smucker y abrir la cuenta. Después, Pelé vio que el arquero estaba un par de metros adelantado y ejecutó ese “masé”, esa jugada de billar que hizo pasar la pelota por detrás de las manos del espigado guardavalla e introducirse suavemente en la red, como besando antes el horizontal.

Cuando los equipos abandonaron el terreno de juego para irse de descanso, los despidió una de las grandes ovaciones escuchadas en nuestro Estadio. Era de estricta justicia, por lo demás.

 

NO PODIA SER

ERA IMPOSIBLE que se jugara al mismo ritmo, con tanta perfección otros 45 minutos. No. No se jugó igual el segundo tiempo. Hubo, incluso, errores defensivos que contribuyeron a estructurar ese marcador de 6 a 4. Bajó, sobre todo, el cuadro checoslovaco, porque todo lo hacen sobre la base de una gran velocidad y de un gran esfuerzo. Físicos gruesos, algo duros como los suyos, tienen que resentirse. Masopust no duró más allá del cuarto de hora (fue sustituido a los 20’) y el equipo perdió a su principal inspirador.

Pero de todas maneras hubo cosas de alta jerarquía. Ese tercer gol de Santos fue una maravilla de concepción (Pelé) y una maravilla de ejecución (Dorval), y extraordinaria también la entrada de Masny sobre un error de Ismael para tirar cruzado y empatar a 3 transitoriamente. Como fue de matemática precisión el cuarto gol de los brasileños, cuando avanzando, Lima incrustó el balón entre Pluskal y Populhar, para que entrara al hueco Coutinho, engañara con una media vuelta y rematara espectacularmente.

Pinceladas admirables en un todo que no podía compararse a lo visto anteriormente, pero que contribuían a mantener el apasionamiento con que se vio el partido y a prolongar el suspenso. Porque, y he aquí otra de las virtudes de los checoslovacos, se negaron rotundamente a claudicar, a reconocerse superados. Con menos agilidad cada vez, con menos fútbol, siempre lucharon. Y tanto, que hasta llegaron a igualar a 4 goles, cuando Kvasnak explotó muy bien otra desinteligencia de Modesto con Ismael y derrotó a Gilmar (37’).

Empate a 4 de Kvasnak para el equipo checoslovaco

Quizás si lo único feo estuvo en la disimulada violencia con que a estas alturas jugó Santos. Muchos puntazos, empujones y codazos fueron reduciendo aún más a los ya agotados checoslovacos. No tuvo fuerzas Pluskal, sobre los 40 minutos, para rechazar en un centro y su despeje fue a caer en los pies de Pelé. A Pelé no se le pueden brindar tales oportunidades: recibió la pelota y la clavó en un rincón del arco de Smucker.

Desequilibrio de “O Rei”

No hubo interrupciones en este segundo período que justificaran descuentos tan prolongados. Pero quizás si Rafael Hormazábal -Un referee de excelente desempeño- esperaba algo más todavía. Y alargó el partido hasta los 50 minutos. Debemos agradecérselo, porque en esa prolongación vimos uno de los mejores goles del match. Otra acción portentosa de “la perla negra”, que fue casi desde el medio campo “botando” rivales a fintas.

Fue un epílogo adecuado al partido. Un epílogo que hasta hizo olvidar que en este segundo tiempo hubo errores, hubo alguna brusquedad y mucho cansancio de los checoslovacos. Primó al final la visión duradera de esos primeros 45 minutos, en los que se jugó el mejor fútbol visto en Chile en mucho tiempo.

 

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