Chupete Suazo

5 reflexiones que dejó la Fecha 9 del Torneo de Primera División

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La SFDFCHPP (segunda Fecha del fútbol chileno post pandemia) ya se jugó por completo, ahora con todos los equipos participando. Y con un superclásico que en la previa era EL partido de la fecha y terminó siendo una verdadera pelea de Metapods.

Sin más preámbulo, esto fue lo que nos dejó la fecha 9 del campeonato chileno de Primera División.

1. El retorno del eterno Chupete

La última vez que Humberto Suazo pisó una cancha de primera división fue en 2015, jugando por Colo Colo. Su segundo paso por el cacique no fue bueno, ya que encontrones varios con el cuerpo técnico de José Luis Sierra hicieron mella en el rendimiento del goleador al que ponían de cualquier cosa menos de delantero. Luego de Colo Colo vinieron sus pasos por San Antonio Unido, equipos de barrio y Deportes Santa Cruz este mismo 2020 y creíamos que la época de Chupete en la cúspide del fútbol local había concluido. Sin embargo, el viernes 4 de septiembre marcará el retorno del sempiterno pelado a primera.

Se vio bien Suazo con la camiseta de La Serena, no solo por el par de ocasiones que se creó sino porque dejó claro que la calidad no se pierde con el paso de los años; se asoció siempre bien con sus compañeros y para nada pareció un jugador que estuvo un tiempo retirado. Si las lesiones y el físico lo respetan, Chupete podría ser un buen aporte para un La Serena necesitado de goles y que no juega realmente mal pero que necesita triunfos lo más rápido posible, dada su posición en la tabla. Y más importante aún, su presencia en las canchas de primera división genera algo positivo en un campeonato que hasta ahora ha destacado por su mediocridad. Nadie en su sano juicio podría querer que a Chupete Suazo le vaya mal.

2. Ganar sin hacer nada

Contra Unión Española en el retorno del fútbol, la Universidad Católica estuvo muy por debajo del nivel que llevó al club a ser bicampeón y pasearse sin problemas por todos los estadios de Chile. Y contra Coquimbo Unido tampoco es que haya estado demasiado mejor, sin embargo, ganó y goleó por 4-1 a un rival que hizo todo lo posible por irse boleteado, tal como reconocería Matías Cano en el postpartido.

No es por quitarle mérito a una UC que subió su nivel respecto al partido anterior, pero lo cierto es que no parecieron haber hecho un esfuerzo muy grande para superar a su rival. Chapa Fuenzalida no es ningún Messi y sin embargo lo pareció al entrar al trote hasta el área chica de Coquimbo y dejar desparramado a Cano antes de definir. Y Luli Aued, como buen mediocampista para el fútbol chileno pero insuficiente para competir afuera, anotó un doblete gracias a sendos penales (bien cobrados ambos) y asistió a Pinares para un gol de otra liga. No es por minimizar el esfuerzo de los cruzados, pero lo del sábado fue como cuando se pone el FIFA en modo fácil y la CPU hace todo lo posible por perder.

3. El peor superclásico en años

Sinceramente, no tengo recuerdo cercano de haber visto un superclásico tan malo en todo sentido. Porque ya, puede que el nivel futbolístico sea paupérrimo, pero cuando los jugadores le meten algo de pachorra el espectáculo siempre sube de nivel. El domingo, en cambio, no hubo nada de nada: al ya conocido pésimo nivel de ambos equipos se le sumó una desidia digna de clubes de media tabla cuyo único objetivo es no pasar zozobras con el descenso y meter una copita internacional si es que se da algún rajazo.

Lo de Colo Colo y Universidad de Chile es simple consecuencia del momento institucional que viven, en todo sentido. Los primeros, dirigidos por un DT interino que si bien tiene años de circo, nunca pareció muy interesado en dedicarse a un primer equipo, amén de un plantel avejentado y con un nivel promedio insuficiente para la institución a la que defienden. Por su parte, Universidad de Chile parece tener un plantel algo más equilibrado y que podría aspirar a algo más de no ser por las cuestionables decisiones de Hernán Caputto, entrenador que llegó al club a hacerse cargo de las inferiores y ya está cerca de completar un año a cargo del primer equipo gracias a haber “salvado” del descenso en 2019 cuando parecía que no había cómo.

En ambos clubes, los más grandes del fútbol chileno sin lugar a dudas, urge cirugía mayor. O en caso contrario, los siguientes superclásicos seguirán siendo tan lamentables como este, uno que quizás preferiríamos olvidar.

4. Arbitrar sin saberse reglas

En el partido entre Wanderers y Curicó, César Deischler utilizó el VAR para corregir una incorrecta expulsión por doble amarilla a Rotondi. El pisotón por el que se le acusaba no había sido tal y por lo tanto, no correspondía que se fuera de la cancha.

El problema es que dicha corrección nunca debió hacerse -pese a la injusticia- porque en el reglamento existen solo cuatro situaciones en las que entra en efecto el VAR. Y una de ellas tiene que ver con expulsiones pero solo en caso de tarjetas rojas directas y no cuando se trata de una doble amarilla; por ende, la corrección de la expulsión no correspondía. ¿Qué pasó acá entonces? Normalmente las decisiones del uso del VAR son compartidas, por lo que no sería tan sencillo apuntar a un solo responsable de su mal uso. Sin embargo, esto vuelve a generar dudas sobre el sistema y no precisamente sobre la tecnología en sí, sino del criterio de las personas y su conocimiento del reglamento. Y aquí los dardos bien podrían caer sobre Deischler, un exárbitro FIFA que en sus dos años con esa envestidura apenas dirigió un partido internacional entre equipos incomprobables. ¿Raro? Por supuesto que no.

5. Futbol avejentado

Entre los 22 titulares del superclásico hubo: un jugador de 40 años (Paredes), cuatro de 36 años (Beausejour, Montillo, González y Larrivey), dos de 35 (Barroso, Insaurralde), uno de 34 (Rodríguez) y uno de 33 (Carmona), todo sin contar a Matías Fernández (34) que incresó en el segundo tiempo. En La Serena, Jaime Valdés y Chupete Suazo no desentonan en relación resto con 39 años a cuestas cada uno. En Coquimbo, Luis Pedro Figueroa es titular con 37 años y lo mismo Pinilla (36) cuando no está lesionado, mientras que en Curicó hace lo propio Carlos Espinoza (37) y en Everton ocurre ídem con Johnny Herrera (39).

Esto puede tener dos lecturas: o los viejos son muy buenos o los jóvenes son muy malos no están a la altura. Como sea, el campeonato local se ha envejecido y esto bien puede ser una de las causas para que los partidos tengan un ritmo cansino y de poca sorpresa, algo demasiado evidente en el clásico. Es cierto que apenas van dos fechas luego de la pausa y los planteles todavía se están ajustando en el tema físico, pero tampoco es que haya mucha diferencia respecto a lo que pasaba previo a la pandemia o en años anteriores. Al fútbol chileno le falta ritmo y velocidad y eso no se va a mejorar si los jugadores más destacados de varios equipos están más cerca del retiro que otra cosa. Y por supuesto, esto es un tema de fondo que tiene que ver con otras aristas (las S.A. son en buena parte responsables) y que mientras no se ataque, el nivel seguirá siendo paupérrimo y las consecuencias se verán cada vez que un equipo chileno salga a dar pena en Libertadores.